Existe en Trigueros la Tradición, no confirmada con rigor histórico por las últimas investigaciones, de que en el Primer Viaje Descubridor se embarcó el triguereño Jorge González que luego quedó en La Española con el Fuerte de la Navidad. Pero que yo conozca con certeza absoluta el primer triguereño en cruzar el Atlántico fue Pedro de Trigueros. Hijo de Juan González y Elvira Fernández, en 1502 embarcó en la expedición de Diego Colón. En México residía con su mujer e hijos durante 1524,constando como vecino de Veracruz, en 1528. Tras Pedro de Trigueros fueron cientos de vecinos los que emprendieron el camino de las Indias, siguiendo las pautas de otros pueblos limítrofes.
Se emigra por diversos motivos. De “engaño común de muchos y remedio particular de pocos” había calificado Miguel de Cervantes, un glorioso y frustrado emigrante, la quimera de unas Indias prestas a enriquecer a sus pobladores de la noche a la mañana. Esta imagen, repetida hasta el cansancio, contribuyó de modo fundamental a la decisión de partir. Pero nunca fue el único resorte que movilizó miles de voluntades, ni siquiera el que mantuvo constante la actividad de los colonizadores e hizo posible su resistencia por la perspectiva de un ensueño que muy pocos, en efecto, lograron alcanzar.
Es innegable que, a nivel individual y colectivo, los factores de atracción jugaron un papel importante en el contexto causal de la emigración ultramarina, y, entre ellos, la idea de América como tierra de promisión, reforzada por las buenas noticias que de los emigrantes se tiene en la villa. Este último es el caso, muy frecuente en Trigueros, de los familiares que acuden al encuentro de algún allegado, cuando han recibido noticias de su feliz asentamiento en América. Bien lo puede ejemplificar el Bachiller Alonso Pérez. Su experiencia americana corrió de la mano de Pánfilo de Narváez, con quien fue a México en 1520. Tras una estancia en Cuba, en México defendía al reo Juan Cansino ante Hernán Cortés. En México consiguió la encomienda, que le proporcionó una considerable fortuna. Por ello, el año 1547 “trujo de Castilla un hermano con 5 hijos y 2 hijas y en la conquista de esta cibdad y Nueva España se hallaron 16 primos y hermanos y tíos suyos”. Un claro factor de atracción fueron las campañas organizadas de colonización, por las promesas de los jefes de expedición y las grandes facilidades que proporciona la Corona en estas ocasiones. La expedición de Francisco de Vides a la Nueva Andalucía (Venezuela) es todo un modelo para Trigueros.
Pero América también fue refugio, tierra de escape. La misma tendencia demográfica de Trigueros impone ya determinadas coyunturas migratorias, que explican la bonanza o la dificultad que atraviesan los niveles de vida. Los testimonios de los emigrantes son bien expresivos a este respecto. En el testamento de Pedro Benítez, de 1598, se expone sin paliativos cómo este triguereño, un jornalero agrícola, huyó del pueblo acuciado por su pésima situación económica.
Existen igualmente otros muchos propósitos declarados en el momento de la partida: el espíritu misionero, ejemplificado en el jesuita del Colegio de Trigueros, P. José Tiruel, que en 1577 acompañaba al Perú a un nutrido grupo de sacerdotes; la aventura de muchos hombres; el espíritu comercial, que animaba a Pedro Izquierdo y Pedro Álvarez de Escobar a instalarse en lugares estratégicos de la América hispana como agentes comerciales; la misma casualidad, que convierte a simples transeúntes en auténticos emigrantes; u otros muchos y variados factores.
Una aproximación cuantitativa a la emigración.
Hasta hace pocos años, el vacío historiográfico sobre la emigración onubense a América era total. Con muy pocas palabras salía de este aprieto el P. Ángel Ortega: “Familias enteras abandonaron el país, donde realmente dejan el oro de sus minas muertas, las riquezas de su fértil suelo y las ganancias de sus esteros. Las prósperas villas del Tinto-Odiel quedaron despobladas; Saltés desierta; Niebla, trescientos vecinos; Moguer, Huelva, Gibraleón, reducidas a la mitad de su censo respectivo…”. Por fortuna hoy día nos es posible una mayor precisión, gracias a una creciente preocupación de historiadores por estos temas y gracias también a un uso más variado de las fuentes.
Con estas perspectivas, y aunque aún es mucho el esfuerzo que resta a la investigación, el movimiento migratorio de Trigueros a América en el siglo XVI puede conocerse con algún detalle para dos períodos: 1502-1539, por los trabajos de Peter Boyd-Bowman; y 1560-1599, por mis propios trabajos.
Los resultados de ambos períodos se exponen en las Gráficas 1 y 2.
Los 39 registros computados del primer período y los 58 del segundo significan la salida de casi 2 hombres al año. Pero es preciso matizar. Resulta poco probable que todos los años vacíos respondan realmente a la falta de emigrantes. Más bien se trataría de la oportuna ausencia de registros oficiales, de un lado, o la no necesidad de suscribir documentación notarial, de otro -las fuentes de esta información-. Tal es el ejemplo del mencionado Pedro Benítez, quien no aparece en el Catálogo de Pasajeros y cuya única constancia, su testamento, no se halla en el Archivo de Protocolos Notariales, como sería de esperar, sino en el Juzgado de Difuntos del Archivo General de Indias. Además de la existencia de una emigración clandestina, garantizada para otros muchos lugares cercanos, podría explicarse este fenómeno por el desfase cronológico que pueden presentar las fuentes locales, pues no es válido el supuesto de contabilizar la fecha de emigración en el año en que se suscriben los documentos notariales, máxime sabiendo que algunos de éstos, como ocurre con frecuencia con los poderes notariales, se hacen desde América, constando que quien los suscribe lleva varios años en ultramar.
Más cercana a la realidad debió encontrarse la media de 3,6 emigrantes anuales, que resulta de dividir su número por los años con registros. La razón de este preferencia estriba en ser tal número mucho más próximo al que se deriva en ser tal número mucho más próximo al que se deriva del modelo demográfico de Trigueros para los mismos años, como estudio en un trabajo sobre La Expedición de Francisco de Vides a la Nueva Andalucía.
Pero como se ha dicho se requieren otras explicaciones. Así, la máxima de 1592 es obviamente el resultado directo de la atracción que significó para el lugar la expedición de Francisco de Vides, aunque no es menos cierto que el reclutamiento coincidió con una mala fase en la vida de Trigueros. Igual ocurría en 1527, 1569, 1571 y 1579: constancia de enfermedades epidérmicas en esos mismos años o los inmediatamente anteriores; bajada de la producción agrícola, según la medida de los diezmos y otras posibles explicaciones que desconocemos.
En su conjunto, la tendencia emigratoria de Trigueros parece que fue creciente a lo largo del siglo XVI. Ahora bien, en tan pocos años parecen detectarse dos claras etapas, con bisagras en 1570. En la segunda, la emigración aumenta, coincidiendo con unos crecimientos demográficos anuales más atenuados. Los malos años generaron, desde aquella fecha, los factores de repulsión necesarios para que se disparara la emigración, culminando que el gran boom migratorio de los inicios del XVII.
El destino de la emigración.
De los datos recogidos es posible tener alguna idea del destino de los emigrantes triguereños, como se sintetiza en el gráfico correspondiente. El valor de estas cifras es meramente indicativo, pues no sólo se representan unidades muy heterogéneas, sino que, además, han de conectarse con las distintas alternativas de la colonización. En cualquier caso, los resultados son coherentes con los publicados en otros trabajos sobre la emigración española a la América del siglo XVI, con la excepción de la Nueva Andalucía, por razones obvias.
En consecuencia, los destinos preferidos por los hombres de Trigueros en la época fueron Nueva España -en la práctica el actual México- y Perú. Al Perú también acudieron casi el 43 por ciento de los destinos provinciales conocidos y el 25 a la Nueva España.
Respecto a las ciudades de destino -según todos los especialistas la emigración se dirigió básicamente a núcleos urbanos- apenas si podemos hacer más comentarios que los deducidos de la emigración provincial: México, Lima, Cartagena de Indias y La Habana fueron, por este orden, las ciudades elegidas por los onubenses del siglo XVI. Véanse gráficas 3 y 4.
El análisis cualitativo de la emigración.
Una análisis cualitativo de la emigración – no cuántos sino quiénes emigran- permitirá profundizar en el problema, ayudando a comprender nuevos significados.
Respecto a la distribución por sexo, edad y estado civil poseemos algunos datos en las fuentes. En el primer período sólo constan 3 mujeres: Elvira e Isabel Fernández y Ana Rodríguez, casadas y acompañando a sus respectivos esposos. En el segundo, de las 58 inscripciones, 18 corresponden a mujeres (el 31 por ciento), de las que sabemos que 5 están casadas, 9 solteras y 2 viudas. Es decir, se cumplan las estadísticas conocidas -Boyd Bowmann calcula un 28,5 para 1560-79, y 35,3 para 1595-98-, en base a las cuales en el transcurso del siglo XVI los sexos tienden a equilibrarse, siguiendo la política de integración familiar que propugna la Corona. En su conjunto, sin embargo, continúan dominando los solteros, pues el estado civil, según constancias, está compuesto por un 69 por ciento de solteros, un 24 de casados y un 7 de viudos.
Las edades nos son desconocidas. Por ello hemos de quedarnos con el lugar común de que los emigrantes debieron ser en su mayoría jóvenes. Sólo puede apuntarse la presencia de 12 hijos e hijas que acuden a América en compañía de sus padres u otros familiares, que significan el 20,6 por ciento de la muestra.
Sobre la composición profesional los datos son por igual parcos. Sin duda alguna, lo más sobresaliente es el elevado número de criados. Tal proporción es corriente en las estadísticas emigratorias: con datos de Boyd-Bowman, entre 1540-59, uno de cada diez emigrantes se declara criado, subiendo a 13,6 para 1560-79. Pero,, como es sabido, la declaración de criado con frecuencia no es más que una forma de eludir las licencias, pues de esta manera es posible figurar como acompañante de otro titular, con el consecuente ahorro de su coste y, por ello, su significado es bastante relativo.
A todas luces, entre los “criados” triguereños se debió ocultar una amplia mayoría de campesinos, pues éstos constituyen lo fundamental de la población activa de la villa. Del conjunto de profesiones conocidas para toda la Provincia, y excluyendo a los criados, tal vez se obtengan unos resultados más próximos a la realidad: los marineros, siguiendo la pauta del predominio de emigrantes de la Costa, constituyen el 61 por ciento -célebres marinos de Trigueros fueron el piloto Gonzalo de Umbría, que acompañó a Hernán Cortés; y el maestro Gómez Matanza, muy conocido en la época antillana-; le siguen los mercaderes, con un 20,O6; campesinos y labradores, con un 13,2; y, con porcentajes más bajos sensiblemente, religiosos, funcionarios, mineros y carpinteros.
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LA VIDA EN AMERICA DE UN TRIGUEREÑO DURANTE EL SIGLO XVI. En 1598 moría en su chácara de Tapala, a seis leguas de ciudad de La Plata, el triguereño Pedro Benítez. Aunque no consta su licencia de embarque, había abandonado Trigueros sobre 1570. En su juventud trabajó como jornalero agrícola en el pueblo hasta decidir probar nueva vida en América. Soltero, se instaló primero en Arequipa, donde consiguió el dinero suficiente para comprar la chácara de Tapala. Allí tuvo un hijo natural, también llamado Pedro Benítez, con una india soltera, de nombre Catalina, quien acabaría siendo su heredero universal. La chácara lindaba con las tierras de quillacas y asanaques y constituía una explotación mixta agrícola y ganadera. En el inventario de bienes hecho a su muerte, se registraban: 50 bueyes y novillos, 40 vacas, 250 ovejas, 30 puercos, 12 yeguas y 1 potro morcillo; y 300 fanegas de trigo almacenadas. La rentabilidad de estos bienes debía ser considerable, pues, además de proporcionarle una vida holgada, le había permitido adquirir diversas casas y algunos bohíos junto a la parroquia de San Sebastián en La Plata y, con solo las cosechas de los últimos años, establecía tres capellanías, dotadas cada una de 1.400 pesos: en la misma chácara; en el convento de San Francisco de La Plata; y en Moguer, para que la sirviera un hijo de su pariente Juan Camacho. Entre el resto de sus posesiones se contaban deudas a su favor por valor de 2.626 pesos -procedentes siempre de la venta de trigo-, una vajilla completa de plata y otros valiosos bienes muebles. A su muerte disponía que se librasen a sus cuatro esclavos por el tiempo de dos años, a fin de reunir con su trabajo los 1.500 pesos que solicitaba para su liberación y, en caso de que no pudieran hacerlo, se vendieran en pública subasta. Por último, ordenaba ser enterrado en el citado convento de San Francisco; que le dijera de réquiem cantada con acompañamiento de 6 frailes y asistencia de los hermanos de las cofradías del Santísimo Sacramento, Santa Lucía, la Inmaculada y la Vera Cruz, a todas las cuales pertenecía. Para días sucesivos dejaba el dinero suficiente para la celebración de más de 100 misas; 50 pesos de donativo al hospital de Santa Bárbara; 20 para la canonización de San Isidro de Madrid, y 2 a las mandas forzosas. |
José Luis Gonzálvez Escobar. Revista de S. Antonio Abad. Ayuntamiento de Trigueros. 1993







Existe en Trigueros la Tradición, no confirmada con rigor histórico por las últimas investigaciones, de que en el Primer Viaje Descubridor se embarcó el triguereño Jorge González que luego quedó en La Española con el Fuerte de la Navidad. Pero que yo conozca con certeza absoluta el primer triguereño en cruzar el Atlántico fue Pedro de Trigueros. Hijo de Juan González y Elvira Fernández, en 1502 embarcó en la expedición de Diego Colón.
apoco no manches no digas mamadas nolo sabia